martes, 2 de noviembre de 2010

LAS MEDIACIONES EN AMBIENTES VIRTUALES DE APRENDIZAJE


MEDIACIÓN PEDAGÓGICA

Las mediaciones pedagógicas se refieren al “conjunto de acciones o intervenciones, recursos y materiales didácticos como conjunto articulado de componentes que intervienen en el hecho educativo, facilitando el proceso de enseñanza y aprendizaje. Su principal objetivo es, así, facilitar la intercomunicación entre el estudiante y los orientadores para favorecer, por medio de la intuición y del razonamiento, un acercamiento comprensivo de las ideas a través de los sentidos” (Fainholc, 1999, p.49); ya que el diálogo y la interactividad didáctica, corporizados por las mediaciones pedagógicas, hacen que el estudiante sea protagonista de un modo particular en el espacio obtenido por la interacción entre la información/conocimiento y otros estudiantes con la organización ofertante, los tutores, y medios técnicos. Así mismo Gadamer (1973) afirma que, dentro de la filosofía hermenéutica relacionada con el desarrollo del trabajo pedagógico interpretativo en la educación a distancia, “el intérprete y el texto son dos interlocutores que constituyen un diálogo el cual mediante la articulación dialéctica de preguntas y respuestas relacionadas mutuamente pretenden alcanzar el entendimiento para comunicar algo” (Fainholc, 1999, p.50).

Por otro lado, una variable interviniente del fenómeno de la interactividad son las mediaciones pedagógicas pues visualizan el tratamiento de los contenidos, la forma de expresión y la relación comunicativa que posibilitan el aprendizaje virtual y en consecuencia, fortalecen las potencialidades de interactividad a través de los materiales educativos, tal y como lo proponen Prieto y Gutierrez (Fainholc, 1999, p. 50).

Desde esta perspectiva, abordar la mediación pedagógica incluye otras mediaciones que confluyen y la configuran integrando todos los elementos que permitan enfrentar, como dice Fainholc “al mundo del ciberespecio con el que debemos interactuar cada vez más en nuestra vida, trabajo, estudio, etc.” ( 2004, p.16). Estas mediciones son:

MEDIACIÓN DIDÁCTICA.

Además de ser parte de la mediación pedagógica tiene como sentido clave, de acuerdo con Maria Irma Marabotto, “acceder a la información, apropiarse de la cultura y construir el conocimiento mediante el dialogo interpersonal alternativamente con el profesor y con los pares con quienes se comparte la experiencia de aprender”. La mediación didáctica proporcionaría el andamiaje para potenciar el aprendizaje (Marabotto, 2005).

Según lo anterior, este “andamiaje” corresponde, como lo propone el Grupo de Investigación en Educación Virtual [GIEV] de la Universidad Santiago de Cali, al método que “en el modelo pedagógico designa aquellos procesos ordenados de acciones que parten de una determinada concepción a través del cual se razona y se define el camino concreto que habrá de seguirse para llegar a la meta propuesta en el proyecto educativo..”. “Para su aplicación el método puede hacer uso de una serie de técnicas y estrategias didácticas que contribuyen para la creación de ambientes pedagógicos que por su versatilidad para el procesamiento, manejo y recuperación de información disponible en los soportes electrónicos y documentales, favorezcan la actividad cognitiva y la formación investigativa y científica de los aprendices” (GIEV, 2009).

Así mismo, las estrategias de enseñanza y estructuración de los contenidos y el desarrollo de programas y materiales deben ser diferentes a los que se utilizan en la formacion presencial, por supuesto sin llegar a pensar que todos los entornos virtuales serán nuevos, puesto que algunas actividades, estrategias y explicaciones que han sido útiles en un entorno presencial podrían seguir siéndolo, con la correspondiente adaptación de un medio en línea (Bautista, Borges y Forés, 2006, p.26).

MEDIACIÓN COGNOSCITIVA.

De acuerdo con la concepción del Dr. Lorenzo Tebar Belmonte, la mediación cognoscitiva “es un estilo de interacción educativa, orientado por una serie de creencias y principios antropológicos y psicopedagógicos. Puede considerarse un concepto social porque implica transmisión de cultura, códigos, valores y normas. Tiene una dimensión educativa porque actúa con intención de intervenir sobre las competencias cognitivas de los alumnos. Va más allá de una simple interacción para llegar al reencuentro, a la confiada aceptación e implicación en un proceso transformador, modificador y constructor de la persona. Se da en la reciprocidad del hombre para el hombre para llegar a descubrir la esencia de sí mismo y la esencia de las cosas” (Tebar, 2004).

En este sentido, la mediación cognoscitiva es la principal mediación individual y es entendida “como aquella que incide en el proceso de conocimiento. Este proceso incluye tanto el procesamiento lógico de la información, así como la generación de creencias y su valoración efectiva por parte del sujeto. Por consiguiente el proceso cognoscitivo no es meramente racional, sino también emotivo y valorativo” (Bustamante, 2006, p.7).

Igualmente, es mediación cognitiva porque debe ser consciente, significativa, recíproca, intencional y trascendente. Esto exige que el educando conozca los procesos que genera. No es reencuentro sino acción entre dos, experiencia de ser y de crecimiento. No hay imposición, sino cercano acompañamiento y selección de las óptimas condiciones para acceder a los aprendizajes (Tebar, 2004).

MEDIACIÓN CULTURAL.

La mediación cognoscitiva trasciende entonces a la mediación cultural puesto que implica la influencia de ésta en la determinación del desarrollo específico de destrezas cognoscitivas particulares (capacidad analítica, deductiva, inductiva, síntesis, generalización, interrelación, entre otros) al priorizar el ejercicio de unas, más que de otras y orienta el proceso global del conocimiento, al sancionar lo que es apropiado y relevante conocer y la forma de interpretarlo” (Bustamante, 2006, p.7).

La cancillería de Cultura, Educación y Deporte de la comunidad Valenciana establece que la mediación cultural “contribuye a potenciar los recursos, personales y sociales, de que dispone la comunidad educativa, para atender aquellas necesidades que puedan generar conflicto o malestar entre sus miembros, por causa de las diferencias culturales (Conselleria de Cultura Educacio i Sport Generalitat Valenciana).

Para ello, el mediador cultural ha de ayudar a los diferentes sectores de la comunidad educativa a lograr un mayor conocimiento mutuo que facilite su participación para el logro de unos resultados educativos óptimos. Asimismo, ha de colaborar en la búsqueda del consenso en las normas que han de regir la convivencia pacífica en los centros docentes.

La mediación debe partir de la premisa de que el ciudadano es protagonista de su vida, como persona dotada de dignidad que merece respeto y consideración, y que es responsable y consciente de lo que hace y para qué lo hace.

Por tanto, el diálogo, el respeto, la empatía, la participación y el consenso son las claves de la mediación, que trata de lograr sus objetivos educativos a través de:

La promoción de la legitimación, el reconocimiento y la autonomía de las personas para que se sientan apoyadas y acompañadas.
La promoción de la empatía y el respeto, aún cuando no exista la aceptación.
El diálogo entre las partes que necesitan comunicación.
El trabajo de habilidades sociales que faciliten una comunicación ágil y fluida entre las diferentes culturas” (Consellería, 2009).

De igual forma, González y Heras, explican que las mediaciones culturales pueden presentarse en diferentes variantes: una a través de herramientas culturales que median las acciones y otras a través de representaciones mentales, al mediar nuestro modo de conseguir significados y darles sentido al mundo y a la vida; otra variante, está compuesta por competencias comunicativas constituidas por un conjunto de experiencias y de matrices para la lectura, la comprensión de contenidos y mensajes que permiten la apropiación cultural en diferentes etnias, culturas y subculturas. (González, Heras, 2006, p.78). Estos elementos configuran, a su vez, la mediación referencial.

MEDIACIÓN REFERENCIAL.

Estrechamente relacionada con la mediación cultural coresponde a “las diversas “identidades” del sujeto receptor; género, étnia, socioeconómica, geográfica y proporcional al sujeto –nuevamente-, un esquema de interpretación acorde con su grupo de pertenencia” (Bustamante, 2006, p.8).

MEDIACIÓN SEMIOLÓGICA.

De acuerdo con lo expuesto en las mediaciones cultural y referencial, es necesario, como lo plantean Gonzalez y Heras, “analizar la estructura, organización y significado de los contenidos o mensajes que se producen y emiten, la forma como son presentados y los objetivos que se buscan al ser empleados en un contexto histórico cultural determinado” (González, Heras, 2006, p. 78).

Desde esta perspectiva, el ámbito semiológico está relacionado con la naturaleza y el lenguaje propio de cada uno de los diferentes medios de comunicación e información, en términos de sistema de símbolos específicos que utilizan con sus respectivos significados, a partir de las relaciones o interrelaciones que se establecen entre ellos, de acuerdo con ciertas reglas sintácticas. Los sistemas simbólicos son diferentes propios y específicos para cada uno de los medios; por tanto, ofrecen distintas modalidades de codificación de los mensajes y sirven para modular las representaciones mentales según los escenarios y los actores con los cuales se realiza la interacción comunicativa (González, Heras, 2006, p. 78). “La función que cumplen los sistemas simbólicos de los medios es ofrecer distintas modalidades de codificación de los mensajes para también vehiculizarlos o distribuirlos por medio de los artefactos” (Fainholc, 2004).

“Los sistemas simbólicos se constituyen en el atributo diferencial intrínseco de cada medio, que, a la vez, modulan las representaciones cognitivas, según escenarios y actores con las que se interactúa” (Fainholc, 2004). Las mediaciones semiológicas posibilitadas por los lenguajes deben ser entendidas como la arena de enfrentamientos de las relaciones de sentido, a su vez, partes componentes de la constitución de las relaciones de poder (Fainholc, 2004).

MEDIACIÓN INSTITUCIONAL.

Integrada a estos sistemas simbólicos, estrechamente relacionados a las mediaciones cultural, referencial y semiológica, está la mediación institucional que Bustamante define como “Aquella en la que el sujeto interactúa, recibe, intercambia y produce sentidos y significados. Tal es el caso de la familia que es el espacio de afecto y cercanía, la escuela como espacio académico y de disciplina, el trabajo como espacio de producción, y la iglesia como lugar de reflexión (2006, p. 8).

De acuerdo con lo anterior, en esta mediación “no se puede desconocer el carácter formativo de las organizaciones, determinado no solo por la cultura, sino por el esquema de principios, conceptos, valores y creencias que asumen, así como por los estilos de gestión que practican, por la calidad de bienes que producen y de servicios que prestan a la sociedad” (González, Heras, 2006, p. 78).

Explican los autores, que actualmente se reconocen las organizaciones inteligentes, capaces de autocontruirse, de aprender de si y por si mismas, de autogestionar y autorregular su propio aprendizaje, y de promover permanentemente formas superiores de transformación, innovación y cambio, a partir de la interacción entre las capacidades de las personas, la utilización de los recursos, y la realización de los procesos necesarios para cumplir con los fines y la misión que la caracterizan y que se complementa con la cultura tecnológica concebida como “la capacidad de captar y aprovechar las oportunidades para transformar la realidad, mediante la aplicación de una mediación tecnológica” (González, Heras, 2006, p.79).

MEDIACIÓN TECNOLÓGICA.

Para Bustamante, la mediación tecnológica “Corresponde a las características físicas y técnicas de los diferentes medios de comunicación que emplean normas específicas para producir su mensaje” (2006, p.8). Igualmente, hace referencia a los medios compuestos por hardware y software, pero para que bien funcionen necesitan del mindware; es decir, el conjunto de habilidades y competencias que articula el sujeto para operar con los dos anteriores.

En conclusión, como lo afirma Ofelia Eusse, la mediación pedagógica se orienta hacia el logro de una mayor comunicabilidad, interacción e interactividad entre los actores participantes en el proceso de enseñanza y aprendizaje y en los procesos de producción de los materiales de estudio, ya sea que se trate de textos impresos o digitalizados” (Eusse, 2006, p. 235). De este concepto se destacan dos elementos clave: la interacción y la interactividad.

La interacción se concibe como una acción comunicativa que se ejerce recíprocamente entre dos o más personas, y no importa que los sujetos interactuantes se encuentren en tiempos y lugares distintos.

La interactividad se refiere a la capacidad, en mayor o menor grado, que tienen los medios de información y comunicación para brindar a los usuarios la igualdad de oportunidades de emitir y recibir mensajes en forma simultánea (…)

De esta forma, el grado de interactividad de un medio es el que permite una mayor o menor interacción comunicativa entre los usuarios. Así mismo, un medio es más interactivo en la medida que permita a uno o más interlocutores tener diversas opciones para comunicarse entre sí. (…). La interacción nos permite la profundización de las formas de tratamiento de contenidos y los modos de expresión y relación comunicativa, que se manifiesta en las mediaciones pedagógicas implicadas en la educación y el aprendizaje con el apoyo de los medios. (Eusse, 2006, p. 235)

En este mismo sentido, González y Heras plantean que para lograr esta interacción o intercambio, se necesita no sólo un soporte físico o tecnológico a fin de presentar y distribuir la información sino un propósito común que enriquezca el proceso comunicativo, entendiendo la comunicación como un proceso social que se sustenta en la interrelación dialógica entre personas; es decir, un proceso mediado, situado e interactivo con características que sustentan el aprendizaje, que fortalecen las competencias cognitivas y del conocimiento, las socioafectivas y del sentimiento y las operativas de los sujetos (González, Heras, 2006, p.78).

De acuerdo con lo propuesto se pueden definir tres fases de mediación pedagógica, relacionadas con lo comunicacional: (1) Fase de tratamiento del tema. Que la información sea accesible, es decir que esté al alcance de los alumnos; interesante, clara bien organizada en función de su autoaprendizaje; (2) Fase de tratamiento del aprendizaje, a través del desarrollo de las estrategias más adecuadas, como los ejercicios con referencia a la experiencia y al contexto del educando, que permitan al interlocutor asumir el rol protagónico en el proceso educativo; (3) Fase de tratamiento de la forma, que se refiere a los recursos puestos en juego como apoyo didáctico y pedagógico (Eusse Zuluaga, p. 236).

Referencias:

Fainholc, B. (1999). La interactividad en la educación a distancia. Buenos Aires: Paidós.

González López Sergio, Heras Gómez Laura Leticia. (2006). La Universidad entre lo presencial y lo virtual. P. 68-76. Colección Pensamiento Universitario 4. Universidad Autónoma del Estado de México.

Marabotto, M. (2005). Nuevas tecnologías y recursos didácticos. Comunicación y Pedagogía , No. 204.

Bustamante, R. H. ( 2005). Universidad Autonoma de Nuevo León. Recuperado el 12 de Noviembre de 2008, de http://www.uanl.mx/secciones/acerca/ dependencias/ded/capacitacion/conceptualizacion/mediacion_en_ed.pdf

Eusse Zuluaga, O. (2006). De la Docencia Presencial a la Asesoría a Distancia. En C. Barrón Tirado, Proyectos Educativos Innovadores, Construcción y debate (pág. 232 a 238). México: UNAM.

Tebar B., L. (2004). Revista electrónica Red Talento. Recuperado el 7 de octubre de 2009, de www.redtalento.com/Bienvenidos/_Lo_nuevo/V_ Congreso/Conferencias/Paradigma/paradigma.html

martes, 25 de mayo de 2010

LA EDUCACIÓN VIRTUAL DENTRO DE UNA PERSPECTIVA DE SISTEMA


La educación virtual es el eslabón más reciente en la evolución de la Educación A Distancia, la cual se define como "el proceso de enseñanza y aprendizaje realizado por estudiantes y profesores que están separados por la distancia y algunas veces por el tiempo"; en contraste con la educación presencial tradicional donde el profesor y el alumno se encuentran en el mismo lugar, al mismo tiempo. Esto significa que si el profesor y el alumno están separados por la distancia, necesitan un medio de comunicación artificial que posibilite el intercambio de información y la interacción entre ellos. En la actualidad, ese medio lo proveen las nuevas tecnologías de información y comunicación (NTIC).

Sin embargo, esto no resulta tan simple. Para lograr el éxito en este proceso, es necesario abordarlo desde una perspectiva sistémica en la que, además del uso de estas tecnologías que permiten un amplio rango de nuevas y excitantes formas en que el profesor puede presentar y compartir información e interactuar con el estudiante, es necesario considerar otros 3 aspectos fundamentales: a) los contenidos, con base en el conocimiento que debe ser impartido por la organización educativa, las necesidades de los estudiantes y lo que ellos necesitan aprender; b) el diseño instruccional, como resultado del trabajo colectivo de expertos en contenidos, diseñadores gráficos, productores de materiales y especialistas en tecnología, para proveer a los estudiantes de los medios que faciliten y fomenten el aprendizaje activo y cooperativo, y c) la interacción, a partir del cambio de rol en profesores y alumnos, en el cual el primero asume el papel de orientador que acompaña a sus estudiantes en los procesos de aprendizaje, investigación y solución a problemas del entorno y el segundo "aprende a aprender" con base en la autogestión formativa que lo hace más autónomo intelectualmente.

GLOBALIZACIÓN, EDUCACIÓN Y TIC




Una de las revoluciones más esperadas en este nuevo siglo es, sin lugar a dudas, la plena apropiación e integración que la educación haga de las Tecnologías de Información y Comunicación–TIC como apoyo a los procesos de enseñanza/aprendizaje en el ámbito no solo de lo presencial sino de lo virtual (e-learning) y la adecuada combinación de estas dos modalidades -denominada blended learning (o b-learning)- en el contexto de una sociedad marcada por una creciente explosión y expansión de la información, a la par de la de aparatos y medios que permiten, por un lado acceder a la misma de manera masiva, rápida y eficientemente y, por otro, clasificarla, procesarla, almacenarla y distrIbuirla a través de múltiples dispositivos y en muy variadas formas y formatos; sin contar con la amplia gama de opciones para compartirla e intercambiarla mediante la interacción entre personas alrededor del mundo a través de internet.

Sin embargo, el objetivo de esta “revolución” no deben ser los medios ni las herramientas que proporciona la tecnología, sino la posibilidad de enfrentar el desafío que representa alcanzar, a través de la educación, un desarrollo sostenible y equitativo, que priorice la capacidad del ser humano y le posibilite desarrollar competencias para desempeñarse y desarrollarse en un mundo globalizado que marca profundas desigualdades en los niveles de progresos y desarrollo. La globalización no es un fenómeno homogéneo que involucre por igual a toda la sociedad, porque aunque ha generado grandes progresos y oportunidades, también ha traído dificultades, especialmente en países que, como el nuestro, se caracteriza por el alto grado de consumo, a diferentes escalas, debido a su escaso desarrollo, especialmente en el ámbito educativo, investigativo y tecnológico.

De acuerdo con lo anterior, el aspecto más importante que debemos considerar en la educación es la responsabilidad social que subyace en ella; razón por la cual, es necesario que su gestión se desarrolle de forma abierta y flexible, con amplia cobertura, calidad y pertinencia, haciéndose cada vez más eficiente en sus funciones pedagógicas, administrativas, investigativas y de proyección social, con el fin ofrecer alternativas de solución a las necesidades y a los retos del mundo moderno.

Desde esta perspectiva, el futuro de nuestros países, como lo propuso, hace ya más de una década la UNESCO, “dependerá en buena medida de su capacidad para potenciar la generación de nuevo conocimiento, donde el elemento estratégico, para lograr el mayor beneficio colectivo, será la capacidad para crear, adaptar y adoptar las nuevas tecnologías” (UNESCO, 1998). Para ello es necesario innovar y transformar los espacios académicos, replanteando no solo los contenidos sino los métodos, los espacios académicos y las estrategias pedagógicas y didácticas para posibilitar una mayor flexibilidad y capacidad de respuesta a estos desafíos. Es aquí donde las TIC encuentran su principal potencial de desarrollo en el ámbito educativo

Como vemos, la globalización está íntimamente relacionada con la evolución del conocimiento en términos de función, actores y herramientas. Como lo propone Roberto Rosero “dentro de una escala de difusión, históricamente se pasó de un poder basado en tener y difundir el conocimiento, siendo el actor principal el profesor (o sabio), a un poder basado en la creación, aplicación y difusión cooperativa del conocimiento como parte del trabajo y en el que los actores son alumnos y profesores que conforman grupos en red altamente competitivos e interconectados” (Rosero, 2001).

De ahí, que sea necesario abordar la implementación de las TIC en la educación dentro del contexto de la globalización y de los procesos de cambio, tanto en la sociedad como en las instituciones educativas. Es allí donde se encuentra el verdadero origen de la llamada "sociedad del conocimiento", en la que el principal medio de producción ya no es la tierra, ni el dinero, ni el trabajo físico, sino el conocimiento incorporado a las diferentes actividades del hombre.

Lo anterior implica que todas las organizaciones, incluidas las educativas, tienen que convertirse en “organizaciones” del conocimiento con estructuras virtuales y dinámicas, abandonar las rígidas jerarquías de niveles bidimensionales (jefes y subalternos),funcionalistas y de resultados individuales; para centrarse en los individuos sintetizadores de oportunidades, polifuncionales, autogestores que promueven alianzas estratégicas y lideres de equipos colaborativos en los que el control no se hace por autoridad sino a través de flujos flexibles de información, generando, de esta forma, redes de conocimiento basadas en la reflexión y el análisis permanente del entorno.

Así que, el reto es generar innovaciones que posibiliten y faciliten la creación, organización y gestión del conocimiento. Esto solo es posible mediante la fusión de la educación y la tecnología para crear una nueva revolución del conocimiento focalizada en el capital intelectual y la creatividad de las personas; es decir, que cada individuo y cada organización construirá su posición en la sociedad con base en el conocimiento que posea y en el nuevo conocimiento que sea capaz de generar.

“La educación ya no se puede entender como la enseñanza institucionalizada que tradicionalmente ha proporcionado el sistema educativo, sino que debe ser un proceso permanente de apropiación, construcción y confrontación de conocimientos que las personas van viviendo a lo largo de su vida mediante la interacción con diferentes ambientes” (Rosero, 2001). Esto plantea que el nuevo paradigma de "aprender a aprender" es la clave de la educación para lograr que el estudiante alcance la madurez cognitiva necesaria dentro de una nueva cultura de la autoformación, en la que se le deben formar hábitos que lo hagan intelectualmente más autónomo. Es en esta perspectiva que las Tecnologías de Información y Comunicación proyectan todas sus oportunidades y su inmenso potencial.


REFERENCIAS

ICFES. La educación superior a Distancia en Colombia. Visión histórica y lineamientos para su gestión. Bogotá, septiembre, 2000

ROSERO H., Roberto. La evolución del conocimiento. Seminario “la EAD una alternativa con futuro”. Bogotá, 2001

UNESCO, Plan de Acción para la Transformación de la Educación en América Latina y el Caribe. Caracas, 1998.